domingo 10 de mayo de 2009

II JORNADAS POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA DE LOS PUEBLOS. CELEBRACIÓN DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA LUCHA CAMPESINA. ALACANT 2009

Conclusiones

SOBRE EL MODELO ACTUAL
Desde hace un tiempo, noticias, estadísticas y acontecimientos de varios tipos
parecen indicar que el modelo económico actual no está siendo el acertado. La
cuestión económica no es inherente al planeta, al contrario, se basa en indicadores y
decisiones establecidas por el ser humano que no obedecen a reglas naturales. Un
buen ejemplo podría ser el hecho de que producir perjudicando a las personas y al
medio ambiente sea “rentable”, así como que sea mayor la energía necesaria para
producir un alimento que la que ese alimento nos proporciona al ser consumido.
Estas graves disparidades del modelo de desarrollo actual provocan, entre otras
cosas:
- Insostenibilidad.
- Destrucción de las economías locales.
- Hambre para miles de millones de excluidos de su derecho de alimento.
- Y, paradójicamente, obesidad debido a la mala alimentación en los países ricos.
La economía de mercado sólo mide parámetros de riqueza y beneficio
monetario, provocando una separación entre la naturaleza y el ser humano, y entre la
economía y la ecología que en absoluto es real, ya que ambas están íntima e
irremediablemente relacionadas. Al darle un valor a una actividad económica o a un
producto habría que tener en cuenta e incluir valores sociales, ambientales, tasa de
retorno energético, etc., no únicamente el valor de rentabilidad económica.

SOBRE SUS CONSECUENCIAS PARA LA SOBERANÍA ALIMENTARIA: UN
NUEVO MODELO ESTÁ SURGIENDO
Estamos conviviendo con las últimas generaciones de agricultores. Nuestro
mundo rural se pierde, agotado por un sistema que no lo valora, que lo subestima y
que lo distorsiona por medio de políticas agroalimentarias. A nuestro alrededor es fácil
observar el abandono del campo a favor de construcciones o industrias promovidas por
grandes poderes empresariales. La tierra no es sólo un espacio físico donde vivimos
sino que es el lugar donde nos desarrollamos socio-culturalmente. Por ello, es
importante conocer lo que pasa a nuestro alrededor y articular nuestro sentir al
proceso, expresarnos, actuar, participar.
Existe un buen número de personas que dedican su tiempo a preservar la tierra
y llevar a cabo sistemas de producción sostenibles, cuidando el binomio rural-urbano,
huerta-ciudad, recuperando la cultura agrícola desde el punto de vista de
consumidores y productores. Se trata por el momento de un sector minoritario de
iniciativas sensibilizadas con la agroecología pero que está logrando vivir de ello.
Es muy importante detectar las injusticias que nos impone el modelo
mercantilista y servirnos de nuestra iniciativa y creatividad para construir una sociedad
en la que quepan diferentes modelos de consumo. Se propone que la agroecología
penetre en el movimiento social a través de un modelo autogestionado y
anticapitalista, contrario al que durante tanto tiempo hemos apoyado con nuestro
dinero. Es hora de reorientar nuestras inversiones y nuestro consumo. Aquello que
consumimos y aquello en lo que invertimos es aquello que potenciamos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Kisinguer -dirigente estadounidense-
afirmó que para controlar a una nación había que controlar su petróleo, pero, para
controlar un pueblo, bastaba con controlar su alimentación. Esto es exactamente lo
que está sucediendo: la alimentación está en manos de empresas transnacionales. Sin
embargo, otra economía está surgiendo: una economía basada en criterios
sociales, ambientales y de sostenibilidad. Construyamos una red facilitadora de
este nuevo modelo económico alternativo y solidario que establezca lazos de confianza
y recupere valores humanos, que busque la equidad social.
Se dice que “somos lo que comemos”, sabiendo que cada vez comemos más
transgénicos y más alimentos con ingredientes sintéticos, a menudo perjudiciales.
Debemos conocer el origen y procedencia de los productos para así poder
ejercer nuestro derecho a elegir qué comer, es decir, qué ser.
De la misma manera, hay varios aspectos del punto de vista convencional que
debemos comenzar a cambiar y uno de ellos es no comparar el valor de los productos
ecológicos con los precios del mercado convencional. Al agricultor debe pagársele el
coste real de producción para que pueda mantener su ocupación. El precio lo debe
por tanto definir el agricultor y no las políticas de mercado. Entendamos la cadena de
Producción-Distribución-Consumo (PDC) como un bien social, como una oportunidad
para incorporar en nuestras vidas otras formas de alimentarnos y relacionarnos
Existen 3 ámbitos fundamentales interdependientes: las semillas, los
agricultores y los consumidores. Sin semillas no se puede producir y tampoco tiene
sentido hacerlo si no hay consumidores. Pero existe un cuarto elemento que influye en
las relaciones entre estos elementos: son las leyes, que actúan a nivel local, nacional e
internacional. Al recorrer la historia de las pequeñas granjas de animales no es difícil
predecir qué va a ocurrir en un futuro con los huertos de producción familiar: se
contemplarán como una industria y estarán regulados con trabas e imposiciones
legales que harán inviable la supervivencia del pequeño productor así como el ejercicio
de la agricultura ecológica. Es por ello que es preciso organizarse y conocer también
los aspectos legales vinculados a la Soberanía Alimentaria.

APORTES DEL PÚBLICO ASISTENTE ANTE LAS SITUACIONES
EXPUESTAS
Se exige información desde los consumidores para poder identificar en el
mercado los productos locales (ya sea a través de las características propias de
esos productos o por la indicación explícita de su procedencia) y así influir en los
intermediarios aumentando la demanda de estos productos.
Se cuestiona por qué la agricultura ecológica resulta más cara. ¿Es un
lujo para ricos? Es obvio que requiere más horas de trabajo y esto, entre otras cosas,
la encarece. Sin embargo, es importante no convertirla en más cara todavía. Debemos
evitar la especulación que se esconde tras la agricultura ecológica. Por ello, con
nuestros proyectos, estamos desarrollando un “mercado paralelo” tratando de evitar
los intermediarios, promoviendo la relación directa productor- consumidor, priorizando
un comercio local y en definitiva, pagando un precio justo para todos los implicados
en la cadena de PDC. En definitiva no tienen por qué ser productos sólo para ricos.
Puede que su costo en ocasiones sea más elevado, pero es necesario valorarlos
integralmente en toda su calidad.
A nivel general parece desconocerse la importancia de la alimentación
para la salud, que no se valora y por tanto sólo se mira el dinero. Destinamos una
proporción muy elevada de nuestros gastos a cubrir necesidades superfluas e
inventadas por la publicidad que nos bombardea y a la hora de escoger los alimentos
sólo nos basamos en el criterio económico.
Se pregunta cómo saber si un alimento es realmente ecológico. Hay dos
maneras: una es a través de los avales oficiales de garantía (como el certificado de
CRAE: Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica), útiles cuando el producto
recorre ciertas distancias, y otra a través de la confianza en los productores. Esto
último se consigue cuando conocemos cómo trabaja ese productor. Obviamente la
proximidad facilita este contacto, por tanto: el mercado local permite conocer al
productor, lo que constituye el mejor aval de garantía.
Se valora la importancia de la concienciación y la información. Se
propone dar charlas en institutos y colegios porque se considera importante que las
nuevas generaciones estén formadas en estos valores. Ya existen particulares y
organizaciones que lo están llevando a cabo y otras que ya tienen el propósito de
concienciar desde la base; asimismo, se propone que las AMPAs (Asociaciones de
Madres y Padres de Alumnos y Alumnas) actúen al respecto. La experiencia dice que
las AMPAs tienen mucha influencia en el sistema educativo, sin embargo, se considera
que no hay que cargar a los niños y niñas con la responsabilidad de la transformación
social. Se propone el “boca a boca” como modo importante para la difusión de las
ideas, “lo que yo sé lo tengo que decir”, además de autoinformarnos para transmitir
mejor los conceptos.
Se propone llevar a los institutos y colegios a los huertos ecológicos (y
viceversa) y realizar actividades in situ, ya que probablemente tendrá más efecto que
una charla puntual. Se valora el peso decisivo que pueden tener las familias como
transmisoras de nuevos modelos y se reseña que en la mayoría de las escuelas éstas
se desentienden de la alimentación de sus hijos e hijas delegando a ciegas en los
comedores escolares. Existe en la provincia, sin embargo, algún centro educativo que
ha empezado a introducir productos ecológicos en sus menús. Esta iniciativa debería
extenderse.
Se considera importante que cada persona que esté ya concienciada vaya
sensibilizando en la medida de lo posible a las personas de su entorno,
porque normalmente solemos delegar en las organizaciones ya existentes, las cuales
trabajan de forma voluntaria, y sin ánimo de lucro, y saturamos a dichas
organizaciones. Debe ser un compromiso de todos/as.
Cada persona concienciada a nivel individual, con su ejemplo, llevando a la
práctica sus criterios, a la hora de elegir un producto, o en cualquier acto de su vida
cotidiana, puede estar influyendo al resto en el cambio de modelo. Cada persona
debe actuar desde su ámbito, el que mejor conoce, y dentro de sus posibilidades.
Se propone crear modelos nuevos, alternativos al modelo convencional. Actuando
somos un ejemplo y transmitimos la información de forma más significativa que con
palabras.
Es importante hablar con los pocos agricultores y agricultoras que quedan, que
aún retienen los conocimientos culturales de la huerta tradicional, antes de que se
pierda ese saber popular tan enriquecedor. Se resalta que cuando se pierde la
actividad agrícola de una zona, se pierde su cultura y si se pierde la cultura, se pierde
la manera de vivir. Aunque existen estudios etnográficos que guardan un poco de la
cultura, éstos son como un museo. Es mejor mantener la actividad viva.
El acceso a la tierra es fundamental. Existen muchas huertas abandonadas en
algunos pueblos que podrían aprovecharse para cultivar. También deberían existir
subvenciones para que pueda acceder a la labranza todo aquel que quiera y no
disponga de tierras.
Lo realmente importante es favorecer los procesos sociales, no hay manera
de enfrentarnos directamente contra las multinacionales, legalmente no se puede. Hay
que reivindicar procesos desde lo local, reforzados por la conciencia y la convicción
personal.
Se refleja la importancia de la creación de más proyectos sensibilizados con
esta temática y también la importancia de que exista una red de apoyo entre los ya
existentes. Se contempla como muy interesante el poder llegar en un futuro al
desarrollo de una economía conjunta autogestionada.

Alacant, 18 de abril de 2009

EN RESUMEN
ACCIONES CONCRETAS PARA LA SOBERANÍA ALIMENTARIA:
· Consumir productos locales y de temporada.
· Fomentar el consumo y la producción ecológica.
· Valorar la importancia que tiene la alimentación para la salud.
· Rechazar los alimentos transgénicos por los problemas de salud,
ambientales, socio-económicos y de pérdida de la biodiversidad y cultura
agraria que conllevan, además de otros aspectos como los éticos.
· Restablecer la relación directa y de confianza con los productores, evitando
intermediarios.
· Valorar otros criterios como pueden ser: sociales, ambientales, éticos,
calidad, etc., no sólo el económico, a la hora de elegir un producto.
· Crear y participar en organizaciones de consumidores.
· Establecer Redes entre los proyectos ya existentes con el fin de
retroalimentar experiencias y enriquecerlas.
· Promover y priorizar la autogestión
· Recuperar las tradiciones culturales ligadas al campo (como la
gastronomía), así como los ciclos naturales.
· Recuperar las semillas tradicionales como fuente de biodiversidad y base
de la producción agraria.
· Recuperar el conocimiento campesino, que está a punto de extinguirse.
· Reorientar nuestras inversiones y consumo hacia modelos alternativos y
solidarios basadas en criterios sociales, ambientales, éticos y de
sostenibilidad (por ejemplo el trueque o el comercio justo).
· Informar, sensibilizar y concienciar a la población.
· Autoformarnos para transmitir mejor los conceptos.
· Empezar por uno mismo a cambiar hábitos y comportamientos para
desarrollar un modelo alternativo.
· Apoyar y llevar a cabo proyectos de huertos urbanos, como estrategia para
aproximar campo y ciudad.
· Actuar para dar ejemplo.
· Aprovechar el poder de estructuras ciudadanas como las AMPAs para incidir
en la transformación del sistema.
· Favorecer el acceso a la tierra.

1 comentarios:

  1. Un trabajo sorprendente. No dejemos que nos ganen la batalla, sigamos luchando por aquello que nos dá impulsos. La alimentaciós es una de las necesidades humanas y las interrrelaciones que se crean son las que hay que limar.
    Basta de que se aprovechen de nuestra necesidad alimenticia para sacar beneficios para los más ricos y hambre para los más pobres.
    Adelante chico@s

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